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Ocho factores clave para la empleabilidad juvenil



Por Miguel Ángel Carreón Sánchez

Director General del Instituto Mexicano de la Juventud

La más reciente crisis financiera internacional incrementó el desempleo juvenil en todo el mundo, como nunca se había visto. El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, hizo saber en su momento que debido a los devastadores efectos de la crisis de 2008, el desempleo juvenil se había incrementado en dos puntos porcentuales entre 2009 y 2011, pasando de 11 a 13 por ciento en el mundo, lo cual se traduce en más de 80 millones de jóvenes sin empleo a nivel global.

Durante los años previos a las crisis, las tasas de desempleo en jóvenes se encontraban estables, sin embargo, hoy el mundo observa otro panorama y en muchas naciones nada alentador. Ejemplos de ello, son países como España o Grecia con niveles superiores al 45% de desempleo juvenil, a su vez Estados Unidos con 18% y el Reino Unido con 23%, aunque son naciones poderosas, enfrentan el mismo reto. Asimismo, el reporte Global Employment Trends for Youth 2012, publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), muestra que las tasas de desempleo entre los jóvenes de América Latina durante 2011 fue de 14.3 por ciento, casi seis puntos porcentuales más que la tasa de desocupación juvenil en México, que según el cálculo actualizado del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, es de 8.7 por ciento.

A pesar de la firme contención que el gobierno mexicano hizo de la crisis económica global más importante de los últimos tiempos, es importante notar que la población juvenil desempleada se mantiene como un gran reto. Estos datos fortalecen la importancia de trabajar en el diseño y la implementación de nuevos y mejores programas que tengan el objetivo de atender el problema del desempleo juvenil en México, así como la consolidación de los que están orientados en este sentido.

Sin duda los esfuerzos del gobierno mexicano han sido oportunos. Al respecto, desde el Instituto Mexicano de la Juventud hemos trabajado con cinco programas que buscan principalmente facilitar y preparar a los jóvenes en la transición de la escuela al trabajo: Bolsa de Trabajo, Servicio Social y Becarios, Becas de Apoyo para Capacitación Laboral, Joven-es Servicio, así como el Programa de Integración al Trabajo para jóvenes con discapacidad. A ello se suman los esfuerzos realizados por la Secretaría de Educación Pública, de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, de Economía, entre otras.

No obstante de los esfuerzos realizados, el reto continúa ahí: asegurar una adecuada inserción laboral de los jóvenes mexicanos en un ambiente laboral cada vez más competido y el reto es aún mayor al contar con el bono demográfico, una oportunidad única como generación mexicana. Por ello, desde el Instituto Mexicano de la Juventud planteamos ocho aspectos que deben ser reforzados para facilitar a los jóvenes definir trayectorias de vida exitosas.

  • Debe combatirse la falta de información sobre las oportunidades que hoy existen para los jóvenes desde el gobierno, la iniciativa privada y las organizaciones de la sociedad civil. En ocasiones los jóvenes no saben a dónde acudir para encontrar información básica que les permita tomar decisiones sobre su futuro. Debemos asegurarnos que esas oportunidades se conozcan entre los jóvenes que las necesitan.

 

  • Incrementar las habilidades para la empleabilidad desde los planes de estudio. Muchos jóvenes no consiguen trabajo porque se les solicita un curriculum vitae cuando no lo tienen. ¿Y por qué no tienen? Porque no saben hacerlo, dado que nadie en algún momento les mostró la mejor forma de hacer uno. Asimismo, en ocasiones desconocen la forma adecuada para presentarse a una entrevista de trabajo y cómo desenvolverse en ésta para incrementar sus posibilidades de obtener el empleo.

 

  • Es necesario redoblar el esfuerzo para reducir la brecha entre competencias educativas de los jóvenes y demanda de los distintos sectores económicos. Esto obligaría a los jóvenes a conocer qué están demandando las empresas que buscan contratarlos para definir una carrera profesional con mayores posibilidades de desenvolverse exitosamente. Además, haría más dinámicos a los sectores económicos, pues contaría con capital humano capacitado y de alto nivel.

 

  • Se requiere un marco legal más flexible y adecuado a las necesidades actuales de empleabilidad de los jóvenes. Es necesario que las leyes adopten nuevos esquemas de empleabilidad: contratos flexibles, contratación de jóvenes a prueba para entrenamiento inicial y por temporadas, certidumbre legal para el trabajador y el empleador, así como una clara definición de la relación entre la empresa y el sujeto en la compañía.

 

  • La transición de la vida estudiantil a la inclusión en el mercado laboral tiene que ser más tersa. En muchos casos a los jóvenes se les exige un certificado de estudios para trabajar y una vez adquirido surge otra exigencia (no contemplada) respecto a la experiencia laboral. Debe existir mayor coordinación entre los bachilleratos y las universidades con el sector privado para encontrar cuáles son sus necesidades respecto de los jóvenes y hacer este transe más suave. Desde los gobiernos es necesario hacer una valoración sobre la competencia y ventaja comparativa de las regiones del país para saber cuáles son las áreas de oportunidad de cada una y dónde pueden desarrollar empleo en el futuro. Tiene que generarse una agenda en conjunto entre los sectores educativo y productivo.

 

  • Promover la cultura del emprendimiento desde las escuelas en grados iniciales. Al respecto, es necesario acotar que no todos los jóvenes nacieron para ser emprendedores. Para sobrellevar un negocio privado o un proyecto social se requiere conocimiento, pero fundamentalmente vocación. Por lo tanto es necesario hacerlo en los primero años de la educación para identificar a tiempo a los jóvenes que tienen vocación emprendedora y encausarlos desde edades tempranas. ¿Quién mejor para generar empleo para los jóvenes que los propios jóvenes? 

 

  • El manejo de las finanzas personales de los jóvenes debe ser una prioridad. La juventud mexicana está en posibilidad de desarrollar una conciencia financiera que le permita definir cómo le conviene emplear los recursos financieros de los que dispone. Es indispensable enseñar a los jóvenes a invertir su dinero inteligentemente. 

 

  • La juventud mexicana debe pasar de la cultura del crédito a la cultura del ahorro. Diversos estudios demuestran que los jóvenes no están habituados a ahorrar y mayoritariamente desconfían del sistema bancario. Además de que el ahorro trae grandes beneficios, puesto que permite el logro de metas así como anticiparse a los imprevistos, se hace fundamental promoverlo en aras de soportar el sistema de seguridad social cuando el bono demográfico vea su ocaso en las próximas décadas.


Ante lo expuesto, se hace evidente que se requiere que la juventud cada día sea más un asunto de Estado; una política de Estado, sobre todo en los países como México que goza de un bono demográfico. Asimismo, se hace latente la urgencia de trabajar en una agenda transversal común en favor de los jóvenes y su desarrollo educativo y profesional. De igual manera es urgente que nuestros jóvenes se concienticen y se responsabilicen de diseñar y participar del futuro que desean, siendo arquitectos e ingenieros de sus propios destinos. La moneda está en el aire. El tiempo es ahora.

Última modificación:
2012--27 16:59